Así comienza un antiguo bolero muy conocido por todos nosotros.
Y continúa diciendo “no merece llamarse mujer…”
Si bien estas palabras tienen una connotación un tanto machista,
Entre nosotras, ¿hay un estado más lindo que el de enamoramiento?
Pero analizando un momento lo que dice la primera frase, les pregunto ¿alguna vez les sucedió que por asomarse demasiado al amor, terminaron cayéndose al vacío?
La verdad es que en muchas veces, se nos hace muy difícil encontrar la justa medida entre asomarnos, pero no demasiado para evitar caernos, y quedarnos resguardados para asegurarnos de que eso no nos vaya a suceder nunca jamás.
Es importante tener en cuenta que, por lo general, la manera en la que abordamos el amor, es muy similar a la que implementamos para manejarnos en los diferentes ámbitos de nuestra vida.
Si solemos ser arriesgados para encarar el trabajo, los estudios, etc., también lo seremos seguramente al momento de involucrarnos en una relación afectiva.
Y si por el contrario somos sobrios y medidos, lo más probable es que vayamos despacio y cautelosamente.
Ahora bien ¿Alguna vez te sentiste defraudada o estafada sentimentalmente en la relación con tu pareja?
De ser así, tal vez deberías reflexionar acerca de las expectativas que depositaste en ella.
Tal vez fueron desmedidas. Posiblemente esperabas poder cubrir espacios que son muy tuyos, y que no le corresponde cubrirlos al otro, sino a vos misma, a partir de tus logros personales e individuales.
Por eso, y como en todas las situaciones conflictivas por las que atravesamos en nuestra vida, lo fundamental es llegar a conocerse para poder comprender qué nos sucede y porqué.
Además es necesario poder trabajar y regular (solo o con la ayuda de un profesional) las ansiedades que muchas veces nos dominan, y los miedos que en ocasiones, terminan paralizándonos.
Me gustaría recordarles algo que en otras oportunidades les he dicho:
No esperen que nadie las quiera más de lo que ustedes se quieren, ni que haga por ustedes, más de lo que ustedes hacen por si mismas.
Para terminar, los invito a reflexionar lo siguiente: Pese a todas las angustias decepciones y dolores que podamos padecer por enamorarnos, siempre está bueno correr el riesgo.
Hasta la próxima amigos, en un nuevo encuentro, para sentirnos más acompañados...