martes, 7 de abril de 2009

SOLOS EN COMPAÑÍA

En este encuentro me gustaría hablar de un tema que parece ser bastante recurrente en los tiempos que vivimos: el sentimiento de soledad.
Y pensaba ¡Que ironía! ¿no? En la era de las comunicaciones, cada vez nos cuesta más comunicarnos.
Estoy cansada de escuchar relatos de desencuentros. Desencuentros con la pareja con los hijos, con los amigos. Y cuando digo desencuentros me refiero a la imposibilidad de entenderlos y de hacernos entender por ellos.
Pero, en primer lugar, me gustaría hacer una distinción entre la soledad real, y el sentimiento de soledad., ya que, la soledad real, es decir la ausencia de compañía, es una instancia muy interesante y hasta necesaria para poder conocerse y aceptarse.
Pero, el sentimiento de soledad en cambio, es aquel que aparece aún estando en compañía de muchas personas, y que muchas veces trae aparejadas cuestiones tales como: la depresión o la angustia, pudiendo llegar inclusive a manifestarse a partir de ataques de pánico.
Y si hablamos de ese estado interior que tanto pesa en al alma, sería bueno preguntarse ¿cuánto hay de responsabilidad personal en éste sentimiento?
Y ¿cuánto de elección no reconocida y no asumida?
Porque la mayor parte de las veces, somos nosotros mismos quienes, con nuestras actitudes y elecciones determinamos que no podemos, no queremos o no sabemos, estar con otras personas y nos vamos aislando de a poco hasta quedarnos cada vez más solos.
Lo cierto es que, para poder estar con otras personas, soportarlas y aceptarlas es necesario comenzar por aprender a estar con uno mismo, soportarse y aceptarse.
Estamos atravesando por una etapa socialmente muy hostil, con escasos momentos para permitirse el disfrute sólo o en compañía, y con demasiadas presiones y obligaciones. Estas situaciones, nos conducen a un estado de alienación, en donde por momentos hasta se dificulta detenerse y mirarse tan sólo por un minuto al espejo, cuanto menos a quienes tenemos a nuestro alrededor.
Para intentar salir de este estado entonces, es necesario poder detenerse un segundo y cuestionarse a raíz del grado de responsabilidad que tenemos en la dificultad para relacionarnos con los demás, para, a partir de allí, intentar corregir algunas de nuestras actitudes que probablemente hayan sido las responsables de conducirnos a él.
Hasta la próxima amigos, y no olviden escribirme sus sugerencias, comentarios y preguntas en éste blog o por mail a lmpsicosocial@hotmail.com.

3 comentarios:

  1. Es cierto a veces nos vamos aislando casi si darnos cuenta, y cuando no queremos acordar nos damos cuenta que nos quedamos solos.
    Cinthia de Boedo

    ResponderEliminar
  2. Esta bueno estar un poco solo. Pero cuando uno tiene ganas.
    Juan

    ResponderEliminar
  3. Creo que el saberse con la posibilidad de estar acompañado relaja y se disfruta del estar solo, o sea que el hecho de poder elegir hacen placenteras las dos cituaciones. J.B.

    ResponderEliminar